Cuando pensamos en actividad física, es fácil imaginar una rutina de entrenamiento, ropa deportiva o una hora reservada en el calendario.
Pero ¿qué pasa con todo lo que hacemos fuera de esos momentos?
Caminar para llegar a algún lugar. Subir una escalera. Pasear al perro. Movernos durante una pausa. Bailar mientras escuchamos música.
Son acciones que muchas veces pasan inadvertidas porque no las consideramos ejercicio.
Sin embargo, hay una idea que vale la pena recordar:
Moverse no siempre significa entrenar. Y la actividad física no ocurre únicamente en un gimnasio.
El movimiento tiene más formas de las que imaginamos
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la actividad física como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que requiere un gasto de energía.
Eso incluye el deporte y el ejercicio planificado, pero también los desplazamientos, algunas tareas domésticas, el trabajo físico y distintas actividades recreativas.
La diferencia está en cómo solemos organizar esas acciones.
El ejercicio físico es una forma de actividad planificada, estructurada y repetitiva, que generalmente busca mantener o mejorar alguna capacidad física.
La actividad física cotidiana, en cambio, puede aparecer mientras realizamos otras tareas.
Ambas pueden formar parte de una vida activa.
No es necesario que todo movimiento tenga un objetivo deportivo para que cuente como actividad física.
¿Qué dice la ciencia sobre moverse durante el día?
Las directrices de la OMS sobre actividad física y comportamiento sedentario, publicadas en 2020, destacan un principio importante: realizar alguna actividad física es mejor que no realizar ninguna.
También reconocen que la actividad puede acumularse en distintos contextos y momentos del día.
Para los adultos, las recomendaciones generales incluyen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, o una cantidad equivalente de actividad vigorosa.
Las recomendaciones varían según la edad y las circunstancias individuales, por lo que no existe una única pauta aplicable a todas las personas.
Pero el mensaje de fondo es más amplio que una cifra:
La actividad física no tiene que ocurrir en una sola sesión para formar parte de nuestra vida.
Estar sentado también forma parte de la conversación
Hay otra dimensión que merece atención: el tiempo que pasamos sin movernos demasiado.
Leer, estudiar, trabajar frente a un computador o desplazarnos sentados son actividades habituales que pueden ocupar una parte importante del día.
La OMS utiliza el término comportamiento sedentario para describir actividades realizadas mientras estamos despiertos, sentados, reclinados o acostados, con un gasto energético muy bajo.
Esto no significa que sentarse sea algo que debamos evitar por completo. El descanso y muchas actividades sedentarias también tienen un lugar legítimo en nuestra vida.
La cuestión es reconocer cuánto tiempo permanecemos en una misma posición y qué oportunidades tenemos para variar nuestra actividad.
En adultos, las recomendaciones de la OMS señalan que reemplazar parte del tiempo sedentario por actividad física, incluso de intensidad ligera, puede aportar beneficios para la salud.
No todo movimiento necesita convertirse en una meta
A veces transformamos una buena intención en una nueva obligación.
Contamos pasos. Registramos minutos. Comparamos semanas. Nos preocupamos cuando una rutina cambia.
Las herramientas de seguimiento pueden ser útiles para algunas personas, pero no son la única manera de relacionarnos con el movimiento.
También podemos observar cómo se integra en nuestras actividades cotidianas.
Caminar para visitar a alguien.
Elegir una actividad recreativa que disfrutamos.
Salir al aire libre.
Hacer una pausa para cambiar de postura.
Participar en un juego o bailar por el simple gusto de hacerlo.
El movimiento también puede ser una experiencia agradable, social y espontánea.
Y eso merece un espacio en nuestra manera de entender el bienestar.
Cuatro formas de mirar el movimiento cotidiano
1. Reconocer lo que ya hacemos.
Antes de pensar en incorporar nuevas actividades, podemos observar dónde aparece el movimiento en nuestra rutina actual.
2. Explorar distintas posibilidades.
Caminar, bailar, andar en bicicleta, practicar deportes o realizar actividades recreativas son formas diferentes de mantenerse activo. Lo importante es encontrar opciones apropiadas y disfrutables.
3. Darle lugar a las pausas.
Cuando pasamos mucho tiempo sentados, cambiar de postura o movernos un momento puede ayudar a introducir variedad en el día.
4. Adaptarnos a nuestras circunstancias.
La actividad física no tiene que verse igual en todas las etapas de la vida. Las preferencias, capacidades, horarios y necesidades pueden cambiar.
Estas ideas no reemplazan las recomendaciones de actividad física para cada grupo de edad. Son una invitación a reconocer que el movimiento puede integrarse de muchas maneras.
Una vida activa no se define por una sola hora
Es posible disfrutar de una rutina deportiva estructurada y, al mismo tiempo, encontrar valor en las actividades cotidianas.
No son experiencias opuestas.
Una puede complementar a la otra.
El gimnasio, el deporte, las caminatas, los desplazamientos y las actividades recreativas forman parte de una conversación más amplia sobre movimiento.
Y quizás esa sea una de las ideas más interesantes de la evidencia disponible: la actividad física no pertenece a un lugar específico ni necesita una forma única.
El bienestar también se construye en movimiento
En SUMA+ creemos que la salud es el resultado de múltiples factores que interactúan en nuestra vida cotidiana.
La alimentación, el descanso, el movimiento y los hábitos de autocuidado tienen un lugar en esa suma.
No siempre podemos organizar nuestros días de la misma manera. Tampoco necesitamos que todas nuestras actividades respondan a una rutina perfecta.
Podemos encontrar distintas formas de movernos, disfrutar de ellas y adaptarlas a nuestra realidad.
Porque el movimiento no empieza necesariamente cuando comienza un entrenamiento.
A veces, ya está presente en muchas de las cosas que hacemos cada día.
Y eso también suma.
Fuentes y lecturas complementarias
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Organización Mundial de la Salud (2020). WHO Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK566046/
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Organización Mundial de la Salud (2021). WHO Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour: At a Glance. https://www.who.int/europe/publications/i/item/9789240014886
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Bull, F. C. y colaboradores (2020). World Health Organization 2020 guidelines on physical activity and sedentary behaviour. British Journal of Sports Medicine. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7719906/
Contenido educativo. Las recomendaciones de actividad física varían según la edad y las circunstancias individuales. Este artículo no representa resultados clínicos de productos SUMA+.